El
rojo y yo nos hacíamos señas desde nuestras respectivas ventanas que estaban
frente a frente cuando, de repente lo vimos. Un fantasma muy alto, como de dos
metros, andaba por nuestra calle con su enorme sabana y sujetando un candil que
lo rodeaba de sombras lúgubres y envolventes. No había duda, el fantasma ha vuelto.......
Fragmento de LA MEMORIA DE LOS TOPOS.
No hay comentarios:
Publicar un comentario